Una fuga en el colector de escape presenta una frustrante realidad mecánica que va mucho más allá de un molesto tic-tac debajo del capó.
Estás debajo del auto, mirando una fuga de escape chisporroteante. Tus ojos se dirigen al tubo de sellador rojo o cobre más cercano en el estante del garaje. Es un escenario común para cualquiera que tenga problemas con su propio vehículo.
Las fugas de escape no resueltas comprometen el rendimiento del vehículo, introducen monóxido de carbono peligroso en la cabina de pasajeros y garantizan fallas en las pruebas de emisiones.